En el camino a la Libertad

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Adornos de la Vida

¿Qué es lo primero que ves al despertar? ¿Y lo último que ves al acostarte? ¿Qué objetos decoran tu vida? ¿Qué estás manifestando con ello? ¿A dónde te llevan tus cosas? ¿Es lo que deseas sinceramente?

 A veces, las cosas que nos rodean muestran nuestro estado de ánimo en un momento determinado de nuestras vidas. Puede que ese momento haya pasado y las cosas queden ahí, para bien o para mal, evocando ese momento. Las personas cambiamos constantemente. No es habitual que nuestro entorno cambie con nosotros, por ello es preciso que de vez en cuando renovemos, en la medida de lo posible, aquello que nos rodea.

Hay una etapa muy marcada en la vida de cualquier persona donde todo cambia alrededor expresando sus sentimientos constantemente, la adolescencia. Pasas de niñ@ a “hombre/mujer” y poco a poco va desapareciendo de tu habitación todo aquello que te recuerda que eres un crío. Según va pasando la adolescencia, va transformándose la habitación y el armario, hasta que te encuentras a ti mismo.

Deberíamos ir cambiando de nuestro entorno aquello que recuerde una etapa anterior y poner lo que realmente queremos en nuestras vidas. Me estoy refiriendo básicamente a los adornos como los cuadros, los peluches o las figuras, ¿qué representan realmente? Por mucho que te guste un cuadro, mira desde un punto de vista objetivo lo que hay pintado en él, no quién te lo regaló ni el momento en el que lo colgaste, ni cómo llegó ahí ese cuadro, sino qué está representando. Toma conciencia de que es eso lo que ves cada día. Piensa si es eso lo que quieres en tu futuro, si se identifica con tus sueños.

Observa tus cuadros, tus fotos, los objetos que adornan tu vida. Reflexiona sobre lo que representan y valora si es eso lo que deseas sinceramente. Conserva sólo aquellas cosas que al mirarlas te saquen automáticamente una sonrisa. El resto guárdalas, véndelas o regálalas, fundamentalmente aquellas que no te gusten, aunque te las haya regalado alguien con todo su amor.

Este simple hecho nos ayuda a enfocar nuestras metas y nos disuade de dudar sobre si algún tiempo pasado fue mejor. Tanto para bien como para mal, aferrarnos a lo conocido no nos ayuda a dar oportunidad a lo nuevo. Piensa qué te gustaría tener en tu vida y rodéate de ello. Esas son tus metas, cuanto más las veas más ganas de luchar por ellas tendrás y mejor te sentirás con ellas. Deja también espacios en blanco para la imaginación.

Se trata de tu espacio vital, de tu vida, la que construyes tú con tu actitud hacia todo lo que la compone. Disfruta de la vida.

 

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Reflexión Final El Principito

Hoy he llorado la muerte de El Principito, ese niño que todos llevamos dentro, que tanto me ha enseñado en estas páginas. Nada nuevo, supongo, sólo pararme a pensar sobre lo más evidente. Aquel que me ha hecho recordar que lo más importante es lo que no se puede ver. Lo verdaderamente importante.

Aún le oigo reír, en las tintineantes estrellas. Esto me consuela, como al aviador. Aún está vivo en su planeta, cuidando de su flor y su cordero. Aún le oigo reír. Me recuerdo a mí misma riendo, de niña, jugando con mis hermanos. Recuerdo esos momentos en los que me he vuelto a sentir así, siendo adulta. Me siento feliz al recordarlos y cada vez que suceden.

Cuidar del niño que llevas dentro no es actuar como un niño. Es buscar en tu interior esa pureza infantil y saber escuchar. Los niños lo saben todo, son los humanos más inteligentes del planeta. Es difícil. Cuanto más corrupta está tu mente, más cuesta encontrar y saber escuchar al niño.

En realidad nacemos enseñados, el niño es el adulto sin aditivos. El yo interior que se esconde porque tiene miedo. El que se siente solo y triste. El que se emociona y el que ríe. Aquel que tanto miedo nos da sacar a la luz delante de otras “personas grandes”.

El ejercicio es el mismo. Si te quedas tirado en el desierto de tu vida, cuando te sientas realmente solo y sin esperanza, El Principito aparecerá. Sólo tienes que escucharle y amarle, dejar a un lado lo que otros te contaron. Puedes salvarte a ti mismo de morir solo en el desierto.

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