En el camino a la Libertad

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Vive Tus Sueños

 

¿Cuál es tu auténtica vocación? ¿Cómo soñaste que sería tu futuro? ¿Qué quisiste ser de mayor? No lo pienses desde un punto de vista adulto, sino con el corazón de un sueño infantil.

De niña, siempre me había gustado escribir. Mi primer cuento lo escribí con 6 años y recuerdo que mi pobre profesora lo rompió desesperada, porque era demasiado extenso y me llevó todo el día terminarlo. En ese momento, entendí que mi vocación de escritora no me llevaría lejos. Aún así seguí escribiendo más cuentos y poesías que escuchaba. A los 9 años me enamoré locamente de Gustavo Adolfo Bécquer y antes de iniciar el instituto, ya me había recorrido media España a lomos de Rocinante. Nunca dejé de escribir. Los desamores inspiraban versos adolescentes tildados de irreverencias. Quizá algún día aparezcan por aquí publicados. En brazos de la vida, las palabras se derramaban por la tinta del bolígrafo, mi fiel compañero. Pero la vida “no estaba hecha para los soñadores” y mi carácter ordenado me llevó a un mundo en el que absolutamente todo tiene un coste y un valor. Soy Administrativa Financiera y cada día entiendo menos el mundo en el que me formé.

De niña solía imaginarme escribiendo durante horas, en un parque, rodeada de árboles. Soñaba que algún día escribiría un libro que hiciera feliz a la gente. Soñaba… Hasta que un día recibí un mensaje de una buena amiga, que me cambiaría para siempre: “No sueñes con tu vida, vive tus sueños”.

La vida me fue abriendo otras puertas y un buen día desperté. No más estrés, no más relajantes, no más. Decidí respetarme como ser humano. Decidí hacer mis sueños realidad. Descubrí un medio donde poder escribir libremente, los blogs, las redes sociales… Sin preocuparme de nada más que de ser yo misma. Sin importarme ningún contrato con editoriales, ni el número de copias vendidas, ni las ganancias obtenidas o el capital invertido… Nada de cifras, sólo letras.

Recientemente he descubierto una agradable sorpresa, las estadísticas del blog. Jamás imaginé que estos humildes escritos, exprimidos de mis desvariados pensamientos, tuviesen algún sentido para nadie más. Se me cayeron las lágrimas cuando vi que más de 5.500 almas se habían asomado a mi ventana en apenas 8 meses. Es sólo una cifra que representa una intención, el ánimo de dar lo mejor de mí sin condición alguna, de forma libre para tod@s.

En cierta manera, estoy cumpliendo mi sueño. Yo sólo quería escribir para hacer un mundo mejor. Lo mismo para tod@s. Más allá de ganar dinero con un trabajo, está la vocación de las personas. Tus sueños, lo que de verdad te llena. Quizá no llegues a ser futbolista profesional, pero seguro que disfrutas jugando al fútbol. Quizá no llegues al ballet clásico de Moscú, pero seguro que disfrutas bailando, aunque sea en una academia. No importa a dónde te lleven tus sueños, son tuyos y solo tú puedes hacerlos realidad.

Gracias a tod@s los que hacéis mi sueño posible. Gracias a tod@s los que me dais ejemplo cada día. Gracias especialmente a Aurora por mandarme aquel mensaje y a Guille por animarme a hacer de mi Utopía una “realidad”.

El Gran Apagón

¿Y si algún día se apagase la luz? ¿Qué sería de nosotros sin electricidad? ¿Quiénes dominarían el planeta? ¿Cómo sobreviviríamos? Existe una teoría sobre una onda radiactiva que se aproxima a La Tierra y que supuestamente anulará todo tipo de frecuencia eléctrica, paralizando así todo el planeta. Es sólo una teoría, en mi opinión poco probable, pero me sirve de reflexión para ver hasta qué punto dependo de la electricidad.

Si esto sucediese, viviríamos limitados, por las horas de sol, el transporte quedaría a merced de la naturaleza, no podríamos disponer de la mayoría de los objetos que utilizamos a diario, incluso un bolígrafo y una libreta sería un artículo de lujo. No podríamos acuñar tantas monedas, ni habría especulación en la bolsa, ni hablaríamos con nuestros seres queridos con tanta facilidad. Por supuesto, casi nadie, a excepción de los artesanos, podríamos ir a trabajar, no podríamos sacar el dinero del banco o comprar comida, ni siquiera cocinarla… Piénsalo un momento.

Dicen que no se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde. Si te privasen del mundo que conoces por “escasez de recursos” ¿qué es lo que echarías de menos? ¿Qué es lo  que no permitirías que te quitaran? ¿Qué valor tiene para ti todas las cosas que componen tu vida? No te limites solo a lo material, piensa en el proceso de fabricación de tus cosas y en los seres humanos que hay detrás de ellas.

Ya se han hecho grandes apagones en ciudades, por propia iniciativa de algunas personas, para concienciarnos del calentamiento global. No hace falta que sea un día en especial, si aún no lo has experimentado, te invito a hacerlo. Intenta vivir un día entero sin absolutamente nada de electricidad ni tecnología, te aseguro que te resultará casi imposible. Ni agua caliente, ni luz, ni móvil, ni transporte, ni comida caliente… Un día se puede hacer el esfuerzo, incluso puede llegar a ser una aventura divertida. Hay personas que viven así a diario, pero por lo general nos parecen borrachos, gente con problemas, sin techo… Valoramos sólo lo que vemos y a veces el cómo han llegado hasta ahí, pero nunca reparamos en su realidad diaria.

Piensa en cómo sería tu vida sin electricidad ni tecnología. Ahora que te paras a pensarlo, eres un poco más consciente del mundo en el que vives.

La Felicidad es la Ausencia de Miedo

El miedo es una emoción que nos alerta de un peligro. En todos los animales, es muy útil para la supervivencia, pero sólo cuando el peligro es real. En los humanos a menudo el miedo representa un peligro que no es real, es desproporcionado en cuanto al daño o no tiene nada que ver con la supervivencia. Esto es lo que se denomina terror.

Tener miedo a atravesar una calle oscura llena de maleantes, tiene su lógica pues existe un peligro real. El problema es cuando imaginamos que en todas las calles oscuras hay maleantes o damos por hecho que no nos pasará nada si vamos por calles iluminadas. Por costumbre o educación malintencionada, tendemos a generalizar. Nos dejamos llevar por lo que hemos aprendido sobre el peligro, bien por nuestras propias experiencias o por las de otros. Esto nos hace obviar las alertas reales, las cambiamos por pánicos, fobias, terrores que tenemos previamente clasificados en nuestras mentes.

Cuando haya que atravesar una calle oscura vacía y la alternativa sea una calle iluminada llena de maleantes, por costumbre iremos por la calle iluminada porque “nunca sabes qué puede salir de la calle oscura”. Si hiciésemos caso a nuestro sentido del peligro, automáticamente iríamos por la calle oscura, dado que la amenaza real son los maleantes. Pero no podemos evitar tener miedo a la oscuridad, porque nos han enseñado a tenerlo. Es irracional y anula nuestro sistema de alerta natural.

Deberíamos empezar a tomar conciencia de cuáles son los peligros que realmente nos acechan hoy en día. Deberíamos analizar esos supuestos miedos que tenemos tan bien asimilados. El miedo es la emoción que da la alarma, deberíamos ser capaces de tomar una decisión coherente con el peligro que nos amenaza en ese momento. Pero somos humanos.

Lo único que podemos hacer es tomar conciencia de cuáles son las amenazas que realmente entrañan un peligro. El resto, las que nos han enseñado, suponen un desgaste inútil de energía, una pérdida de nuestro tiempo vital. Una vez superados los miedos absurdos, experimentas un incremento de la felicidad.

Reflexión Final El Principito

Hoy he llorado la muerte de El Principito, ese niño que todos llevamos dentro, que tanto me ha enseñado en estas páginas. Nada nuevo, supongo, sólo pararme a pensar sobre lo más evidente. Aquel que me ha hecho recordar que lo más importante es lo que no se puede ver. Lo verdaderamente importante.

Aún le oigo reír, en las tintineantes estrellas. Esto me consuela, como al aviador. Aún está vivo en su planeta, cuidando de su flor y su cordero. Aún le oigo reír. Me recuerdo a mí misma riendo, de niña, jugando con mis hermanos. Recuerdo esos momentos en los que me he vuelto a sentir así, siendo adulta. Me siento feliz al recordarlos y cada vez que suceden.

Cuidar del niño que llevas dentro no es actuar como un niño. Es buscar en tu interior esa pureza infantil y saber escuchar. Los niños lo saben todo, son los humanos más inteligentes del planeta. Es difícil. Cuanto más corrupta está tu mente, más cuesta encontrar y saber escuchar al niño.

En realidad nacemos enseñados, el niño es el adulto sin aditivos. El yo interior que se esconde porque tiene miedo. El que se siente solo y triste. El que se emociona y el que ríe. Aquel que tanto miedo nos da sacar a la luz delante de otras “personas grandes”.

El ejercicio es el mismo. Si te quedas tirado en el desierto de tu vida, cuando te sientas realmente solo y sin esperanza, El Principito aparecerá. Sólo tienes que escucharle y amarle, dejar a un lado lo que otros te contaron. Puedes salvarte a ti mismo de morir solo en el desierto.

El Principito y Nuestro Planeta

Vivimos en un planeta muy grande, del que formamos una pequeña parte. Tendemos a pensar que dominamos nuestro planeta, aunque la humanidad a penas ocupamos un trocito del océano Pacífico. Si nos distribuimos mejor, tendremos mayores posibilidades de sobrevivir como especie.

Por fortuna estamos tomando conciencia de que existen otras especies cuya supervivencia afecta directamente al ecosistema en el que vivimos. En nuestro planeta hay seres mucho más poderosos que nosotros. Especies insignificantes como los insectos o las serpientes, aparentemente más débiles, pueden causarnos la muerte en un momento oportuno.

Desde La Tierra se ven muchas estrellas, desde las cuales podríamos vernos a nosotros mismos, si nos detuviésemos a mirar. Reflexionando todo cuanto tenemos a nuestro alcance, nos damos cuenta de que no estamos solos y aún así la soledad aborda a nuestra especie día tras día. Es un planeta en el que uno se siente solo y no por su enorme desproporción en cuanto a sus habitantes.

Muchas personas entran y salen de nuestras vidas, pero pocas se quedan. Siempre vamos como el viento, pasando por lugares y gentes. Hacemos de nuestro mundo un lugar difícil, con unas condiciones de habitabilidad desagradables. Y cuando nos ponemos a hablar, sólo escuchamos nuestro propio eco.

Normalmente aceptamos lo que nos dicen y lo damos por válido, sin hacer nuestra propia observación al respecto. Siempre esperamos a que otro tome la iniciativa, hasta para iniciar una agradable conversación. Realmente vivimos en un planeta desierto.

El Principito y las personas importantes

Los oficios más absurdos suelen ser los más importantes, pues son los que más ayudan a otros. Además suelen estar vinculados a cosas que las personas no pueden disfrutar normalmente. Y quienes los desempeñan suelen ser personas auténticas, sin disfraces y sencillas de comprender.

Pero estos oficios están destinados a satisfacer a otros, por lo que estas personas terminan cansadas y aburridas. De nuevo no le damos importancia a aquello que nos hace únicos. En el trabajo diario es difícil disfrutar de las estrellas o de una gran mansión. En realidad quien vive en la mansión, quien la acomoda a su gusto, no es la señora de la casa, pues no tiene tiempo para ello. Quien disfruta conduciendo la magnífica limusina no es su dueño. El barrendero es testigo de cada amanecer y el maestro es quien más tiempo pasa con los hijos de otros. Estas son las cosas más importantes, no lo que poseas en un papel, sino en tu vida diaria.

Muchas veces, las personas que más conocimientos tienen del mundo, son quienes menos conocen su propio mundo. A menudo son personas que poco saben sobre sí mismos y lo que les rodea. Tienen amplios conocimientos sobre lo que otros les cuentan y si les parece “aceptable”, se quedan con esa “verdad”. A pesar de que saben qué es lo realmente importante en la vida, no lo aplican para sí mismos. Se convierten en observadores de datos, conocimientos de vital importancia para la humanidad.

El principito (parte II)

 

 El mundo de los niños tiene unas normas muy sencillas, distinguen claramente el bien del mal. Los adultos creemos hacerlo mejor, pero en nuestro mundo inventado hay muchos absurdos sin importancia. Por ejemplo, preguntas obvias, atar animales, juzgar la seriedad de una persona en función de su vestimenta, cuantificar todo con cifras, ir siempre “derecho”… Sin embargo no le damos importancia a hacer limpieza de conciencia cada día, a pensar si hemos sido buenos, si hemos visto una estrella una puesta de sol o una flor hermosa. Nos convertimos en hongos que no disfrutan de la vida, se alimentan de ella y le dan alimento. No pensamos en los sentimientos, ni sentimos nuestros pensamientos. Somos crueles con nosotros mismos y con otros.

 Tendemos a prejuzgar a los demás en función de lo que conocemos y los tratamos según nuestra conveniencia, sin conocerlos. Nos creemos con autoridad sobre todo lo que compone nuestra vida. Aunque siempre adaptamos nuestra autoridad según se den las circunstancias, así nunca nos equivocamos. De modo que tenemos el control de todo, juzgamos todo, excepto lo más importante: a uno mismo.

 Hasta las florecillas más bellas y desvalidas tienen espinas para defenderse. Todos tenemos medios de supervivencia físicos y mentales. Una flor también es capaz de amar y sentir amor, sólo hay que demostrarlo, sin prejuicios, de forma natural. Si de verdad amas a alguien, no lo guardes para ti, puede que ese alguien necesite saber que le amas, puede que te corresponda. A todos nos gusta ser amados.

 No permitas que los sentimientos de otros solapen tus propios sentimientos.

 

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