En el camino a la Libertad

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Amor y Elección

Amor incondicional es el que sientes por tus padres, hermanos, hijos y, los más afortunados, por su pareja. Es incontrolable e inevitable, escapa a toda razón. Por muy enfadados que estemos, jamás dejaremos de amarles.

En lo más profundo de nuestra alma, existe ese tipo de amor incondicional, aplicable al resto de la humanidad y a nuestro hábitat. Es más difícil de exteriorizar pues, entre otras cosas, nos han enseñado que el amor es para los poetas. Sentimos vergüenza de expresar nuestros sentimientos de amor e ilusiones delante de otros, como los niños. Nos sentimos idiotas, o al menos es lo que nos han enseñado.

Sin embargo, no nos sentimos bobos cuando mostramos desprecio y odio. Es “lo normal” en determinadas situaciones. Yo creo que es más absurdo exteriorizar esta emoción, que casi siempre proviene de algo que no entendemos o que no nos gusta. Es infinitamente más pueril.

El amor es como un boomerang, siempre regresa con más fuerza de la que lo envías. Sentir amor, entregar y volverlo a recibir, es lo que mejor nos hace sentir en el mundo. Permítete sentirte bien, saca lo mejor de ti cada día y siéntete feliz con ello. En tu interior sabes lo que es correcto, a veces no tiene nada que ver con lo que te han enseñado.

Permite al mundo conocer la maravillosa persona que llevas dentro y que cada día ocultas tras el quehacer. Deja que fluya, que se exprese como más te guste. Dale alas a tu creatividad, como de niñ@, date tiempo para ti, para “tus cosas”. El mundo está esperando que compartas ese alguien que llevas dentro. El tiempo pasa para no volver, aprovéchalo ahora. Disfruta por un momento.

La Libertad es una elección.

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La Amenaza Fantasma

He visto mis utópicas ideas plasmadas en otros blogs, anuncios en la tele, en infinidad de libros y en concentraciones por todo el mundo. Será que no son tan utópicas y que otro mundo es al fin posible. Será que esas ideas no son mías ni tuyas y es una consciencia que despierta en la humanidad.

Ante el inminente cambio que  amenaza a nuestra especie, necesitamos sobrevivir. El planeta se rebela contra nosotros, nuestros sistemas económicos y sociales también. La vida es una batalla día tras día. Esto no es vida.

Todo sabemos qué es lo que nos importa realmente, sin lo que no podríamos vivir. Alguno habrá todavía que piense en su i-pod, piso, su coche, su dinero… Todo esto son herramientas que utilizas para conectar con otras personas, da igual el nivel de relación que tengas con ellas. No puedes vivir sin otros humanos, así de simple.

Toda esta crisis que tanto daño hace, te toque o no vivirla en tus carnes, si la sufre alguna persona cercana, te afecta a ti y sufres también. Somos una raza que está por encima de todo prejuicio: la raza humana. Nada más lejos de las películas de ficción, cuando existe una amenaza capaz de destruirnos, nos unimos para luchar juntos.

Eso es lo que está pasando en el mundo, sólo que el enemigo es el más difícil de vencer, nosotros mismos. Nuestras antiguas creencias y actuaciones que tanto daño han hecho y que ahora debemos cambiar. Hubiese sido más fácil un ataque de zombis, aunque si lo piensas, nada más lejos de la realidad.

Acciones Irritantes

Cuando una persona te irrite con su forma de actuar, de ser, de hablar… ¡no montes una epopeya en su nombre!  Para y analiza.

Si nos reflejamos en otros, su comportamiento que tanto nos irrita, no es más que nuestra propia proyección en esa persona. Separemos exactamente qué es lo que nos irrita. Busquemos en lo más profundo de nuestro ser si existe ese aspecto irritante en nosotros mismos. No lo encontraremos.

Nos irrita precisamente porque es una carencia en nuestro interior. Es algo que estamos bloqueando por miedo. Los miedos los aprendemos en nuestra cultura, educación y creencias. Nosotros también podríamos ser así, pero no lo somos. ¿Somos más correctos o más respetables por ello?

No. En realidad tenemos “envidia” de que la persona en cuestión tenga la libertad de expresarse así y nosotros no. No prejuzgues. No tenemos derecho a juzgar a nadie, salvo a nosotros mismos.

El “enemigo” nunca está ahí fuera.

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